ANO 05 - N13 - "Inter/Transdisciplinaridade" ISSN 2359-4705

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Comunidades de creación y cuidado


Alejandro Guevara[1]

Itzel Ibargoyen[2]

 

Introducción

Este trabajo surge de experiencias relacionadas a talleres y proyectos que aplican diferentes formas de práctica artística a otros campos. Dados los antecedentes de los autores en el campo de la gerontología, dicha aplicación en concreto se observa en las problemáticas relacionadas con los fenómenos del envejecimiento y la vejez. Distintas colaboraciones entre México y Uruguay dirigidas a incidir en problemáticas asociadas a los prejuicios, estereotipos y narrativas en el envejecimiento y la vejez nos permiten observar particularidades en torno a la mediación artística y cierto tipo de dispositivos estético-corporales. Consideramos pertinente dialogar con el discurso de lo transdisciplinario a través de estas prácticas para profundizar en el papel de lo artístico en diseños metodológicos participativos.

Las experiencias abarcan algunos talleres que involucran a las artes en procesos grupales de colaboración artística o educativa en temáticas relacionadas a la vejez. En este ensayo revisamos 2 temas específicos que emergen en el cruce transdisciplinar de las artes: la instrumentalidad de las artes y la transformación de las artes. El primer tema pone sobre la mesa la posible devaluación de las artes en procesos de investigación y el segundo comenta sobre como un recorrido extradisciplinar puede modificar lo que institucionalmente se considera arte.

Concluimos con la discusión sobre el desarrollo de estrategias grupales a través de las artes que pudieran acompasar la creación artística con la investigación y otras formas de colaborar y relacionarnos en él Antropoceno. Nos preguntamos sí este enmarque pudiera ayudar a evidenciar a los cuidados como un tipo de práctica que sirva de fulcro entre las artes que centralizan lo corporal y los procesos de investigación que implican disenso y diálogo en sus procesos como aquellos de la ciencia transdisciplinaria.

Otras preguntas que guían esta reflexión giran en torno a: la pertinencia o lo forzado que puede ser una intervención o proceso artístico en proyectos transdisciplinarios, el tipo y noción de arte que se hace implícita en estos planteamientos, las pasarelas o nexos interdisciplinares y desde luego la transformación o cuestionamiento resultante de dicho proceso respecto a los campos o disciplinas de origen.

Transdisciplina y artes

La forma transdisciplinaria de investigación ha estado presente en las últimas décadas en el debate sobre un segundo modo de producción de conocimiento. Dicho “Modo 2″ está caracterizado por su inmersión en los contextos de aplicación, sus metodologías provenientes de diferentes disciplinas y saberes extradisciplinares, la diversidad de tipos de conocimiento producidos y su continua reflexividad (NOWOTNY, 2003, traducción propia).

Siguiendo la retrospectiva de la evolución de lo transdisciplinar, Julie Thompson Klein propone un orden de los discursos de lo transdisciplinario que se nuclean alrededor de: 1) la trascendencia o búsqueda de unidad del conocimiento, 2) una transgresión de las estructuras educativas y del conocimiento institucionalizado y 3) la urgencia de abordar problemáticas complejas y complicadas (KLEIN, 2015).

La primera categoría discursiva que analiza Klein en el trabajo citado se refiere a la síntesis de nuevo conocimiento y la búsqueda de expandir los límites que cada campo disciplinar hacia otros marcos de comprensión de los fenómenos. Este primer núcleo discursivo hace alusión a las agendas científicas que buscan integrar diversos conocimientos (en su mayoría institucionalizados) bajo la idea de un “todo” o de una “imagen” universal del conocimiento.

Este tipo de investigación se ha ido institucionalizando en torno al debate de lo interdisciplinario (ID) y lo transdisciplinario (TD) de acuerdo con el grado de hibridación disciplinar y de participación de otros saberes (CARRILLO; INCLÁN, 2014). Un espectro diverso es la marca de cómo hacer este tipo de investigación y comprende desde abordajes tecno-científicos hasta metodologías mixtas, narrativas y en ocasiones metodologías que involucran estrategias artísticas o estéticas. Sin embargo, este último espectro de lo transdisciplinario sigue siendo una zona controvertida de difícil enmarque y de validación institucional incluso para quienes se dedican a las metodologías participativas (SEELEY, 2011).

Otros autores han señalado justo como una dimensión estética está involucrada al observar la investigación transdisciplinaria o compleja desde una mirada más allá de lo epistémico, proponiendo enmarques que, al considerar una interrelación continua entre objeto de conocimiento, sujeto de conocimiento y forma de representación, pudieran dar lugar a una “estética del pensamiento complejo” (NAJMANOVIC, 2005). Encontraremos esta agenda de vinculación epistémico-estética en las perspectivas del Centre International de recherches et Ëtudes Transdisciplinare (CIRET) fundado por Basarb Nicolescu que, compartiendo la visión de Edgar Morin sobre la complejidad, asumen compromisos con una teoría unificadora que busca vincular paradigmas aparentemente excluyentes como las artes o la religión hacia una cosmología unificadora (KLEIN, 2015).

Desde esta misma perspectiva encontramos propuestas del cruce de lo transdisciplinario, en términos de colaboración entre artistas y científicos, como un “espacio de posibilidad” y que permitirían “fronteras generativas a través de ecologías complejas autoecopoieticas” donde el valor de las artes radica en la expansión de la imaginación, la comunicación con la sociedad y otras formas de experimentación (KAGAN, 2015).

Sin embargo, desde ciertos enfoques esta visión de unidad de la ciencia ya ha sido criticada por su potencial de incurrir en una exclusión de otros saberes de difícil racionalización, o desdeñados por su menor sofisticación, que no logran institucionalizarse pero que aportan soluciones a los problemas en el mundo real (DEWEY, 1938). Las artes serán comúnmente concebidas como saberes inferiores, o saberes indescifrables en comparación con la ciencia institucionalizada y las explicaciones mediadas por el lenguaje y la razón (MERSCH, 2015, p.8-10). La necesidad de enmarques que contemplen lo no representacional, lo tácito, lo corpóreo nos parecen cruciales en esta empresa.

Compartimos la noción de práctica artística concebida como un fenómeno social embebido y acompañada de otras prácticas más allá de un campo o mundo y que pese a que numerosos autores discuten su definición, podrían ser resumidas a través de cuatro constantes: las prácticas son una colección organizada de actividades realizadas por diferentes personas; aspectos importantes de la vida humana están basadas en ellas o deberían entenderse como características de las prácticas; la actividad humana proviene en algo que no puede explicitarse en palabras; este saber no-proposicional descansa en el cuerpo y por lo tanto este juega un importante rol en el fenómeno social (SCHATSKI apud ZEMBYLAS, 2014, p.17-18, traducción propia).

Esto implica que nuestro compromiso con una filosofía de las prácticas guía nuestra concepción de arte. Esto a su vez nos permite dialogar con los aspectos normativos, corpóreos, subjetivos, pero también materiales de producción de dichas prácticas. Incluso cuando pensamos la investigación transdisciplinaria o la aplicación de dicha investigación en el campo de lo gerontológico pensamos en la noción de práctica. Esta discusión sobre el giro práctico se encuentra en distintos y lúcidos autores y merece profundizarse filosóficamente en otros trabajos.

Dadas estas peculiaridades del caso de lo transdisciplinario no es raro pensar que el debate sobre lo interdisciplinario y lo transdisciplinario nos permite comenzar a tejer un discurso de colaboración artística con otros campos. En una recopilación histórico-cultural Belfiore y Bennett (2008) observan, por un lado, el sesgo de incidencia política que abunda en las publicaciones sobre el impacto de las artes y, por otro critican la instrumentalización de las artes en los discursos públicos. Dichos autores proveen de una interesante clasificación de como se ha presentado el discurso del impacto de las artes en occidente: como corrupción y distracción; catarsis; bienestar personal; educación y desarrollo; mejora moral y civilizatoria; como instrumento político; como estratificación social y construcción de identidades; o como entidad autónoma que rechaza toda instrumentalidad (BELFIORE; BENNET, 2008, p. 13-39, traducción propia).

Esta compilación nos permite mantener bajo observación una tensión entre el valor intrínseco y el valor instrumental de las artes, o, dicho de otro modo, nos alerta sobre como poder mantener el valor per se que las artes portan, al mismo tiempo de involucrarlas en proyectos que tienen objetivos comunes o privados más allá de lo estético. Llama la atención la última categoría, la defensa a la autonomía de las artes y nos parece uno de los puntos de tensión mas relevantes al pensar en involucrarlas en otros procesos.

En estas metodologías un posible escenario común podría ser este: cierta problemática convoca a diferentes participantes con enfoques y saberes distintos, incluyendo a alguna forma de disciplina académicamente institucionalizada, pero particularmente alguna perspectiva artística es sugerida como pertinente en alguna de las fases de desarrollo de las iniciativas dedicadas a resolver este problema y producir conocimiento al respecto. Pensando en cualquier proceso de forma sistémica tres puntos de involucramiento podrían identificarse:

  1. De los problemas hacia las artes: lo que en un inicio nos convoca a ser investigado y solucionado termina en un proyecto que sólo por los resultados relacionales, estéticos o simbólicos que provee el arte nos satisface. Este es el caso de los proyectos de investigación acción que involucran la fotografía participativa, las acciones barriales conjuntas que derivan en murales, exposiciones, etc., y que en ocasiones merecen varios tipos de publicación (Ej. en WANG, 1999)
  2. En medio de los problemas: Las artes surgen como método en medio del planteamiento de un problema que en su forma de investigar o intervenir decide que una herramienta artística es la idónea. Todo tipo de intervenciones artísticas en educación y salud son un buen ejemplo de esto. Así mismo es el caso del uso de ciertas estrategias artísticas en lo psicosocial para abordar prejuicios, estereotipos, etc., así como facilitar el trabajo colaborativo. Abundante literatura relacionada a la creatividad, la innovación en el trabajo conjunto nos habla de este tipo de estrategias. Más adelante se describirá un caso relacionado a esto.
  3. Desde las artes hacia los problemas: comenzamos creando y nos topamos con una problemática que demanda solución más allá de los procesos creativos o artísticos. Este último punto de partida comienza en manifestaciones artísticas que demandan la participación de otro tipo de disciplinas o saberes para abordar problemáticas emergentes en el proceso de creación. Generalmente es el caso de algunos proyectos de creación colaborativa en torno a la violencia o la salud mental donde necesidades muy concretas tanto colectivas como individuales no pueden ser pospuestas y terminan siendo material de los resultados artísticos.

Una última perspectiva merecerá ser revisada a la par de la categoría de lo transgresor en lo transdisciplinario de Klein gracias al poder metareflexivo y el análisis institucional que el giro social del arte contemporáneo permite (BRODERICK, 2011). En un minucioso ensayo sobre la epistemología de la estética Dieter Mersch profundiza filosóficamente en esta cualidad metarreflexiva como la singularidad de “la verdad en lo estético” y nos presenta un ordenada diagramación de las artes como investigación: 1) una investigación propia de las artes que siempre las ha caracterizado; 2) como un subgénero artístico donde se aplica la investigación a lo artístico para criticar la propia investigación; 3) las artes como epítome de la técnica humana más allá de la ciencia; 4) como la estetización de la práctica de investigación con propósitos de innovación (MERSCH, 2015, pp. 24-34).

Si observamos la última categoría en la misma obra encontraremos rastros del modo 2 de producción del conocimiento y el papel del diseño de metodologías híbridas que pueden incorporar a las artes. Sin embargo, el mismo autor asociará rápidamente este diseño con una apropiación de lo artístico por el mercado de la profesionalización de la investigación en las artes y los intereses detrás de la innovación. La segunda categoría interesa más porque da pie a la revisión de los dispositivos estético-corporales que aquí se exponen y pone en escena el giro performativo que resonará con los discursos de lo micropolítico.

Uno de los ejemplos que presentamos involucra a las artes como herramienta para lograr ciertos objetivos de un proyecto de investigación. Este ejemplo estará relacionado con la barrera del viejismo en las iniciativas que buscan disminuir el reto de la sobrecarga estructural y cultural de los cuidados por dependencia en medio de un cambio demográfico hacia el envejecimiento poblacional, enmarcado por una época de retos socioambientales profundos. Debido a que en el segundo caso se utiliza a las artes como facilitadora de procesos psicosociales dentro de una problemática global (envejecimiento poblacional) y se han mencionado las críticas de instrumentalizar a las artes, consideramos abordar el primer tema que vincula a las artes, los grupos y las comunidades.

El reto de las comunidades y lo común

La supervivencia en nuestros tiempos nos asalta a través de desastres producto del cambio climático, la desestabilización económica, la migración forzada, la ingobernabilidad y conflictos armados que encontramos en un tipo de discurso que pregunta por nuevas sociedades y formas de producción alternativas al capitalismo en el Antropoceno: la era geológica actual marcada por la huella humana global (SKLAIR, 2017). Distintos esfuerzos desde diferentes sectores se hacen presentes buscando soluciones relacionadas con la atención directa de dichos problemas (por parte de agencias, organizaciones y colectivos) y por otro lado con la comprensión de estos fenómenos y la crítica a la construcción de dichos problemas (principalmente desde la academia).

La emergencia de lo transdisciplinario pareciera ofrecer una integración de ambas búsquedas bajo una agenda de coproducción de conocimiento para generar un cambio de estos problemas en el mundo real (HADORN; BRADLEY; POHL; RIST; WIESMANN, 2006). Se ha sugerido también que la propiedad reflexiva de las artes es la pieza clave en el abordaje de problemáticas complejas y complicadas como el calentamiento global, en específico al “crear conciencia” o “capital reflexivo” entre los actores involucrados en procesos de cambio (DIELEMAN, 2008). Si bien este tipo de transdisciplina centrada en la resolución de problemas resuena en torno a la interacción sociedad-ambiente, cuando las problemáticas convocantes se sitúan más en lo social, como el caso de la sobrecarga social de cuidados por el envejecimiento poblacional, consideramos cruciales los sucesos en torno a la organización colectiva que sucede en sus procesos particularmente en su dimensión relacional y afectiva.

Resulta difícil pensar la ciencia en equipo, la interacción intersectorial, así como el diálogo de saberes no institucionalizados, lo participativo y la incidencia en problemáticas comunes sin el involucramiento de procesos grupales. Estos procesos a su vez pudieran fungir de engrane mesosocial entre los grandes discursos sobre recursos o medioambiente y las vidas individuales en esta búsqueda de acuerdos hacia el bien común. Si bien no defendemos la comunidad como un fin en sí mismo, si nos interesa visibilizar la dimensión relacional de las prácticas antes mencionadas. Mantengamos en mente que esta característica es estratégica en la politización del arte contemporáneo (BOURRIAD apud PEREZ RUBIO, 2013).

Macrosocialmente es muy común que las problemáticas globales actuales se expliquen cómo formas ampliadas de acumulación originaria y reproducciones del capital que generan resistencias colectivas frente a las distintas formas de alienación laboral y el recrudecimiento de separaciones forzadas entre producción y recursos (GALAFASSI, 2016). Por otro lado, el sentido afectivo de lo participativo en los discursos de lo micropolitico y el biopoder problematizan la incorporación en el sujeto una individuación competitiva, una descorporización singular para producir subjetividades, conductas y patrones de consumo que boicotean los intentos de relacionarse hacia dichas resistencias de lo común (NAHUELPAN, 2016).

Una homogenización de los sujetos paradójicamente logra romper con los procesos de diálogo y disenso grupal, fenómeno conceptualizado por Guattari como capitalismo mundial integrado (GUATTARI en GOFFEY, 2015). En este paradigma de lo micropolítico el análisis institucional se hace presente partiendo de las vidas y cotidianidades individuales que se encuentran en lo grupal y denotan lo macrosocial en su interacción con la institución (MALO, 2004, pp.27-34). En esta perspectiva los procesos de subjetivación se vuelven la arena de disputa por parte de los poderes y saberes que buscan controlar sujetos y colectivos

La problematización de las formas de subjetivación asociadas a la fragmentación de colectividades y sus consecuencias se centra en una lógica depredatoria y de acumulación frenética que subyace a las prácticas de apropiación de territorios y recursos, incluidos los humanos, que fragiliza los horizontes éticos en formación de un bien común (COMPOSTO, 2012). Dentro de esta máquina de producción (material y subjetiva) fuera de control se genera y realimentan culturas donde lo anómalo, lo autónomo, lo diferente, se reabsorbe para presentarse como mercancía. Los cuidados, la fragilidad, el envejecimiento y la discapacidad no escaparán de esta transformación a través de diferentes formas de biomedicalización y presentarán todo tipo de aberraciones sociales al colocar a las personas en posiciones invisibilizadas, desexualizadas, cosificadas y comercializadas (KAUFMAN; SHIM; RUSS, 2004).

Esto representa una afrenta a los imaginarios que nos atraviesan en este mundo de nuevos regionalismos y nacionalismos competitivos llenos de agresión y de división comunitaria, de enajenación de individuos al grado de generar trastornos de convivencia y auto-desorganización en todo nivel humano. Responde a una volatilidad cotidiana, a una incertidumbre ya en todo momento frente a la hiperinformación, el cambio continuo, el shock, los algoritmos, las crisis, la enfermedad emergente, las precariedades, etc. La idea de progreso es abandonada e intercambiada por un “salvese quien pueda” que a todas luces no redunda en más supervivencia o más adaptación y representa incluso utilidades para las patologías neoliberales más encumbradas.

¿Cómo generar entonces auto-organización nueva, indefinida, de espacio amplio, de cuidados mutuos, de sentido y de conversación? ¿De cotidianidad y significación? ¿de supervivencia y de juego? ¿De paz? ¿Al menos de menor cinismo? ¿qué nos haga estar presentes, vivos, e incluso encarando lo inevitable, acompañando el sufrimiento, resistiendo la marginación progresiva sin perder espacios para imaginar, para reír? ¿Qué hemos dejado de sentir? Quizás valdría la pena observar los procesos subjetivantes en las metodologías participativas transdisciplinarias.

Comunidades envejecidas

Sumado a lo anterior, la fragmentación de grupos y familias en los distintos contextos latinoamericanos precarizantes y violentos dentro del actual clima de despojo capitalista enfrenta un mayor debilitamiento conforme el envejecimiento poblacional avanza en estas geografías y la dependencia compromete la adaptación de dichos grupos. Conforme avanza el cambio demográfico, la sobrecarga estructural, laboral, pensionaria, en salud y en cuidados se suman a los retos socio-eco-políticos del Antropoceno, en donde atestiguamos la disolución, transformación y emergencia de comunidades y redes de subsistencia, colaboración e institucionalización.

Una perspectiva discriminatoria altamente prevalente sesga la concepción del envejecimiento, vejez y fragilidad hacia imaginarios de exclusión y dependencia que redunda en la construcción de sujetos pasivos de dichos modelos de atención, aislados de sus grupos de cuidados y no como sujetos constituyentes del proceso de adaptación comunitaria actual (LEVY; MACDONALD, 2016). Donde anteriormente se acompañaban los cambios de independencia y autonomía en la discapacidad ahora inundan imaginarios trágicos y deficitarios la imagen del curso de la vida, en especial durante la vejez y recrudecidos por la niebla de cultura neoliberal competitiva que asfixia a numerosas personas en la etapa post-retiro.

En este contexto, distintas propuestas de atención de los problemas asociados al envejecimiento y la vejez se debaten entre enfoques asistenciales biomedicalizantes tendientes a la privatización y una atención integrada socio-sanitaria centrada en la persona de difícil implementación por las barreras culturales asociadas a la medicalización y al viejismo o discriminación por edad (WHO, 2015). Una respuesta común y creencia diseminada respecto a la dependencia y la vejez se centra en que las necesidades de las personas mayores de atención y asistencia surgen cuando no pueden realizar sus actividades básicas de la vida diaria (comer, bañarse, vestirse, etc.), sin embargo los marcos normativos actuales, la evidencia y las mismas personas mayores abogan por una asistencia previa a la pérdida de capacidades funcionales que garantice el llevar a cabo sus proyectos vitales y su participación en la comunidad.

Así, se presenta el caso interdisciplinario particular de la gerontología que presenta la búsqueda de modelos de atención en el envejecimiento poblacional global y local ante situaciones de cuidados que implican una integración del conocimiento sobre la continuidad entre la fragilidad individual, grupal y comunitaria y los procesos psicosociales de discriminación y exclusión. El envejecimiento es invisibilizado debido a este fenómeno de viejismo en medio de un capitalismo cultural de la eficiencia, la velocidad y la juventud (podríamos problematizar incluso hacia una infantilización generalizada del consumo).

Este reto en el campo gerontológico es el enmarque para una propuesta de intervención que propone lo artístico como estrategia de mediación de dichos prejuicios o estereotipos.

Mediación y dispositivos estético-corporales

A continuación, se describen algunas de las características y premisas del proyecto titulado Ixmucané: voz, memoria y cuerpo y que nace de un protocolo de investigación en la Universidad de la República del Uruguay titulado “Nuestra otraedad corporal: prácticas y dispositivos corporal-estéticos frente a la discriminación por edad y vejez”. Este se describe como una estrategia tipo taller abierto a personas interesadas en profundizar en su proceso de envejecimiento a través de la expresión vocal y corporal y surge a partir de problematizar lo diseminado de los prejuicios asociados a la edad y la vejez. Se describe como un espacio que busca comprender y sensibilizar en torno a los estereotipos y creencias asociadas a cambios corporales a lo largo de la vida a través de diferentes herramientas provenientes de las artes. Las personas pueden participar libremente bajo la premisa de estar de acuerdo en abordar grupalmente los prejuicios asociados al envejecimiento a través de las artes.

Este taller declara partir de una postura gerontológica crítica y estar diseñado: 1) considerando las tensiones entre los saberes y poderes que disputan la definición de la vejez; 2) señalando una separación político-económica artificial entre las edades que profundiza su discriminación (IACUB, 2013) y; 3) denunciando el exacerbado y contraproducente control bio-médico y farmacológico sobre los cuerpos que envejecen.

En lo teórico, este taller se adhiere a una perspectiva del curso de la vida que define al envejecimiento como: un proceso vital continúo, tanto de pérdidas como de ganancias, el cual es moldeado y compartido con otras personas, en una constante negociación con las fuerzas culturales e institucionales de cada generación (Lalive dÉpinay et al, 2012). Así mismo, se suma al abordaje narrativo y estético de una gerontología cultural interesada en lo singular y particular de cada historia vital (VILLAR; SERRAT, 2015).

La investigación que enmarca este taller como “dispositivo” y propone evaluar el impacto de dicha estrategia en términos de entrevistas y aplicación de escalas. Sin embargo, llama la atención que también habrá resultados estéticos en este proceso y que se continuará en el tiempo de acuerdo con las demandas de los participantes.

Esta noción de dispositivo, puesta en escena por Michael Foucault, es definida como un espacio donde confluyen distintos saberes y fuerzas que detonan actitudes y comportamientos asociados a prácticas y corporalidades específicas (AGAMBEN, 2011). Este taller declara así mismo ser construido como dispositivo desde un paradigma relacional del arte, lo que implica centrar la importancia de la creación artística en su potencial de vinculación entre personas y el mundo (BOURRIAD; PLEASANCE; WOODS; COPELAND, 2002).

Desde esta perspectiva, se diluye la separación entre creador, escenario y público, lo que hace posible una creación comprometida con procesos de participación que no dependen de entregas, exposiciones o postproducción (RANCIÈRE, 2010). Esta forma de concebir el taller permite, por un lado, acercar las prácticas de creación a las personas que quizás se han pensado ajenas al mundo del arte y, por otro, abrir una zona íntima no-terapeútica que contribuye a reelaborar los diferentes contenidos subjetivos asociados a lo que socialmente se percibe respecto al cuerpo, la voz y, en este caso, sobre el paso del tiempo en la vida individual.

Conclusiones: Estética de la fragilidad

Esta última descripción de lo no-terapéutico da para profundos debates que valen la pena continuar en cuanto a que tanto se genera un espacio indefinido, si de verdad hay o no hay intervención, qué papel juega el facilitador, etc. Por lo pronto permite abordar nuestra discusión en la dirección contraria, de las artes hacia lo transdisciplinario y retomar la segunda categoría de Klein: lo transgresor.

En este sentido, Brian Holmes aporta la noción de extradisciplinar para generar una alternativa a los discursos instrumentalistas de lo artístico y propone un tránsito fuera de la disciplina que busca situarse fuera de ella o en los límites para justo develar relaciones de poder o escapar del emplazamiento capitalista posiblemente a través de este tipo de dispositivos. Describe puntualmente un espacio de indefinición retomando varios proyectos que se hibridan entre ciencia y arte al analizarlos a través de el propósito explícito de efectuar cambios en [1] la disciplina artística (que se considera demasiado formalista y narcisista como para escapar de su propio círculo encantado), [2] en la disciplina de la crítica cultural (considerada demasiado académica e historicista como para encarar las transformaciones en curso) e incluso en [3] la «disciplina» — si se quiere llamar así — del activismo izquierdista (que se considera demasiado doctrinario e ideológico como para aferrar las oportunidades que brinda el presente) (HOLMES, 2007).

Esta sugerencia de una zona de indefinición pareciera suspender los límites de una u otra disciplina, pero a su vez nos invita a abandonar la defensa de lo artístico en un afán de construir otros espacios. Consideramos que, si bien es difusa la imagen de la noción de dispositivo o de espacio de indefinición pareciera un horizonte donde al menos podríamos caber con nuestras diferencias y probablemente ensayar otras subjetividades, otras relacionalidades y por lo tanto otras formas de colaborar en las formas de producir conocimiento y mundos comunes.

Anteriormente mencionamos que la defensa de la autonomía de las artes frente a su uso en proyectos de cambio social era el caso de excepción. Ahora vale la pena partir de ahí para problematizar la situación de las artes, identificarlas como parte del problema socioambiental actual y devolver a la crítica institucional que el giro performativo de las artes nos permite.

Cuando las artes se presentan como investigación, en el contexto de lo estético, permiten mostrar y revelar de forma íntima y a la vez colectiva lo sutil, lo contradictorio, lo singular y lo precario de eso que llamamos realidad (MERSCH, 2015, p. 28-29). Posicionándonos desde las prácticas que se asumen como investigación dentro del giro social y performativo de las artes, es decir que sostienen un compromiso con la evidenciación de las contradicciones institucionales, lo politizado del cuerpo y sus relaciones, atendemos al despliegue de todo tipo de proyectos inter y transdisciplinarios que aprovechan esa capacidad de las artes de suspender la dialéctica, pero sobretodo que se suman a horizontes éticos de transformación y creación comunitaria.

Identificando propuestas desde este giro performativo partimos de experiencias provistas por dispositivos y proyectos estético-corporales que como parte de una aproximación a la construcción de comunidad trabajan artísticamente con los discursos, practicas y necesidades emergentes entorno a la vulnerabilidad, el disenso, la violencia y sufrimiento dentro de un grupo. ¿Cómo hablar de fragilidad sin amenaza? ¿Como revertir esos imaginarios patologizantes y victimizadores de lo frágil? ¿Que implica construir desde este giro, desde pensar las prácticas o acciones dentro de una estética que considera lo frágil como inherente humano y que se nos presenta con todo su peso a lo largo de la vida en situaciones de dependencia, cuidados y vulnerabilidad?

Nuestro enfoque está dedicado a buscar la transformación de prácticas de cuidado en términos de lo colectivo, apostando a la contribución de los insumos comunes que permitan construir redes y, en ocasiones comunidades, que hagan frente al despojo capitalista actual. Sin embargo, hacer frente a los retos ambientales, alimentarios, en salud o en sustento de nuestros tiempos implica tanto producir conocimiento que tenga impacto en prácticas y formas de organización como en afrontar nuestras formas de subjetivación, de relacionarnos y de vivir nuestro cuerpo.

 

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SCHATZKI, T. Art bundles. In: ZEMBYLAS, T. (ed.) Artistic practices: social interactions and cultural dynamics. Routledge, 2014. p. 27-41.

 

Recebido em: 15/10/2018

Aceito em: 15/11/2018


[1] Coordinador de la Línea Terminal en Geriatría, Maestría en Investigación Médica, Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Querétaro, México. Maestro en Filosofía Contemporánea Aplicada (Universidad Autónoma de Querétaro). Diplomado Internacional en Gerontología y Geriatría (Universidad de Malta). Licenciado en Medicina General (Universidad del Valle de México). Contacto: alejandro.guevara.alvarez@gmail.com

[2] Maestrante en Sociología (Universidad de la República Uruguay). Miembro de lo Observatorio Universitario de Políticas Culturales (Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República Uruguay). Diploma en Gestión Cultural, IDAES-UNSAM Argentina. Licenciada en Ciencias Antropológicas (Universidad de la República Uruguay). Contacto: itzel.ibargoyen@gmail.com

 

Comunidades de creación y cuidado

 

RESUMEN: El presente ensayo comenta sobre algunas peculiaridades y tensiones asociadas a la producción de conocimiento de prácticas de investigación transdisciplinaria que involucran cruces disciplinares con las artes. Se toman como punto de reflexión algunas experiencias que vinculan a las artes en proyectos colaborativos que abordan problemáticas psicosociales asociadas al envejecimiento poblacional y discutimos las particulares reflexiones que esto suscita y los posibles aportes o germinaciones resultantes de este tipo de transdisciplina.

PALABRAS CLAVETransdisciplina. Artes. Cuidado.

 


Creation and care communities

 

ABSTRACT: This essay comments on different tensions related to knowledge production when transdisciplinary research practices engage the arts. Taking from some experiences that involve the arts in collaborative projects focused on psicosocial issues linked to population aging, we discuss the possible gains from this type of transdiscipline.

KEYWORDS: Transdiscipline. Arts. Care.

 


 

GUEVARA, Alejandro; IBARGOYEN, Itzel. Comunidades de creación y cuidado. ClimaCom Inter/Transdisciplinaridade [online], Campinas, ano 5, n. 13, dez. 2018. Available from: http://climacom.mudancasclimaticas.net.br/?p=9980