ANO 05 - N13 - "Inter/Transdisciplinaridade" ISSN 2359-4705

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La interdisciplina es clave para entender los problemas del desarrollo rural en términos socio-ecológicos

Elcy Corrales Roa fue por muchos años profesora titular y hoy es profesora emérita de la Pontificia Universidad Javeriana con sede en Bogotá, Colombia. Es licenciada en Sociología por la Universidad Santo Tomás de Bogotá, maestra en Diseño Urbano y Planificación Regional por la Universidad de Edimburgo, maestra en Estudios Avanzados de Sociología por la Universidad de Paris VIII y doctora en Geografía por la Universidad de Toulouse II-Le Mirail.

Juan Carlos Villa Soto es doctor en Estudios Latinoamericanos. Es Técnico Académico del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Elcy Corrales Roa

Entrevista de Juan Carlos Villa Soto

 

En esta entrevista, Elcy Corrales expone sus ideas sobre la importancia que tiene la producción de conocimiento interdisciplinario en relación con los problemas del Desarrollo Rural. Con base en sus aportaciones a la construcción de alternativas desde el estudio de problemas de producción y conservación en el medio rural, expone diferentes formas de entender la relación sociedad – naturaleza que conducen a una re-conceptualización del Desarrollo. Asimismo, se destaca su contribución al proceso de institucionalización de la investigación interdisciplinaria en la Universidad Javeriana, en particular en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales y, especialmente, en la creación de la Maestría en Desarrollo Sostenible de Estudios Agrarios – convenio entre el Instituto de Estudios Rurales (IER) de la Universidad Javeriana, el Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción Agropecuaria (CIPAV) y el Instituto Mayor Campesino de la Compañía de Jesús -, que para ella ha significado el momento más importante de su entrada al mundo interdisciplinario.

 

Es necesario definir el Desarrollo implicando las interacciones sociedad-naturaleza

El modelo de Desarrollo que continúa dominando en la actualidad expresa una forma particular de entender la relación sociedad – naturaleza.  Se trata de una concepción del Desarrollo que lo equipara al crecimiento económico y se apoya en una idea de progreso que es lineal y ascendente. Al mismo tiempo, pone a la naturaleza al servicio del ser humano y omite considerar las interconexiones entre sociedad y naturaleza como componentes del sistema del que hacen parte. Desde esta concepción también han sido ignoradas las diferencias al interior de la sociedad en relación con el acceso a los bienes y servicios que la naturaleza está en capacidad de proveer para la vida humana en la Tierra y, en consecuencia, la profunda inequidad social que dicho modelo ha generado.

El resultado de esta omisión ha llevado a la actual crisis energética, ambiental y de justicia. Las problemáticas de este tipo de Desarrollo y su comprobada insostenibilidad evidencian la necesidad de trabajar en torno a una re-conceptualización del Desarrollo que, a su vez, exige nuevas formas de abordar las realidades complejas a las que hoy nos enfrentamos. Una empresa que demanda nuevas formas de colaboración y diálogo entre disciplinas, tanto para la definición de los problemas, como para la generación de conocimiento requerido para enfrentarlos y para el diseño de alternativas sostenibles para todos.

Cuando empezamos a pensar en el Desarrollo desde una visión interdisciplinaria nos referimos a la necesidad de tomar una posición crítica frente a la idea de que se trata meramente de un problema económico o de crecer indefinidamente sin considerar las consecuencias ambientales y sociales. Se requieren nuevas formas de definir el Desarrollo en las que la consideración de estas interacciones es ineludible. De una manera más general, un Desarrollo cuyas características socio-ecológicas estén orientadas al bienestar de los ecosistemas como fundamento para el bienestar de la sociedad humana que se sustenta en ellos.  El concepto de ecosistemas incluye a los seres humanos, los cuales no son dominadores de la naturaleza: su relación con ella les genera beneficios, pero también impactos, dependiendo de cómo estos sean obtenidos.

 

“Parques con gente”, ejemplo de nuevas concepciones de la conservación

Al igual que con el tema del Desarrollo, la discusión sobre la conservación de la naturaleza ha evolucionado y hoy contamos con contenidos novedosos para lo que significa la conservación.  La escuela más tradicional de la conservación, sustentada en la biología, la ecología y otras disciplinas de las ciencias básicas, consideraba la intervención humana como el agente primordialmente destructor de la naturaleza; en consecuencia, la condición para una buena conservación sería la no intervención humana; conservar implicaría entonces no tocar, no usar.

Sin embargo, esta visión de la conservación comienza en parte a ser cuestionada en su viabilidad y en sus supuestos, lo que hizo necesario comenzar a plantear las cosas de una manera diferente. ¿Por qué?, entre otros factores porque: 1) no se pueden ampliar infinitamente las áreas de conservación sin intervención humana y 2) se descubrió que en ciertas áreas consideradas prioritarias para la conservación había gente que ha permanecido por muchos años viviendo en armonía con esos sistemas, tales como algunos lugares de la Amazonía. Si se revisa la historia ecológica del mundo también se han encontrado y documentado una buena cantidad de sistemas que tienen una altísima intervención humana y que muestran un buen estado de conservación.

En Colombia, por ejemplo, hace algunos años surgió una política de conservación relacionada con los parques nacionales naturales, que son una figura de conservación, denominada “Parques con gente”; en la que se reconoce esta convivencia. Además, se señala la necesidad de estudiar cómo está organizada la gente que vive allí, cómo usa la naturaleza, cómo cultiva y cuáles son los conocimientos que ha generado mediante su interacción con el agua, los bosques, el suelo y la fauna, que les han permitido a estos grupos humanos vivir allí de modo que sigan co-existiendo tanto ellos como el bosque y la selva.

Hay evidencia de que el ser humano puede vivir en armonía con la naturaleza. Esto depende de cómo entiende su relación con ella y cómo la usa y la mantiene. Evidentemente, hay distintas formas de relacionarse con la naturaleza, y son numerosos los ejemplos de relaciones que son destructivas, tales como las de ciertas zonas de la Amazonía en donde queman bosques para introducir ganado o mediante la apertura de carreteras o por la minería. Otro ejemplo en Colombia es que, antes de que se adoptaran las ideas sobre la conservación y la protección del ambiente, una forma de reconocimiento de derechos sobre la tierra a los colonos era que demostraran que habían limpiado el monte y que, de esta forma, habían hecho mejoras y “civilizado” la tierra.

Estudiar las diferentes formas de entender la relación sociedad – naturaleza, tanto las que permiten vivir en armonía como las que van en detrimento de esa relación, implicó un esfuerzo importante de poner en marcha procesos de investigación colaborativa entre diversas disciplinas, tales como la antropología, la biología, la ecología y otras de las ciencias naturales y sociales. Por supuesto que esto solo ha sido posible con la participación de investigadores dispuestos a abrir la mente para este tipo de diálogo interdisciplinar. Más aún, implicó el reconocimiento de otros sistemas de conocimiento y saber no científico, como el desarrollado por las organizaciones humanas que han vivido en el bosque y otras áreas silvestres; y también el desarrollo de capacidades para construir formas de dialogar con este tipo de saberes. Todo esto obliga a pensar qué tipo de conocimientos y qué tipo de disciplinas pueden articularse para resolver problemas de la conservación y ofrecer alternativas para dichos problemas a partir de perspectivas inter y transdisciplinares.

 

Es importante concebir la utilización de la tierra y los ecosistemas como relaciones de tipo socio-ecológico

La re-conceptualización del Desarrollo y de la conservación a la que nos referimos implica entender que no se trata de defender aisladamente la naturaleza o la sociedad, o la economía o la ecología, sino justamente de considerar sus interconexiones y, a partir de allí, avanzar en la construcción de alternativas. Así, es muy importante concebir las relaciones de los sistemas de producción y de diferentes formas de utilización de la tierra y de los ecosistemas, por unos y otros grupos sociales, como relaciones de tipo socio-ecológico; en las que también tienen un papel fundamental las relaciones de poder que determinan el acceso diferenciado a los beneficios del Desarrollo y de la conservación, y que tienen influencia en las instituciones de los regulan.

Lo anterior tiene implicaciones en los impactos que puede generar por ejemplo la política de conservación y la política económica. Así resulta importante poder analizar los trade-off o compensaciones que se generan cuando, mediante una decisión de política, se privilegia la conservación de un tipo de servicio eco-sistémico o determinadas actividades económicas en áreas con alta fragilidad ambiental; o, por ejemplo, cuando se favorece un sector de la sociedad o determinadas actividades dirigidas a la generación de ingresos; o bien, desde una perspectiva de género, cuando se privilegian las actividades que realizan los hombres o las mujeres. En todos los casos, se trata de considerar el escenario de perdedores y ganadores que emergen como resultado de diferentes decisiones.

Respecto a las diversas formas de entender el Desarrollo articulado a la conservación, existen grupos humanos, comunidades, cuyas estrategias para procurarse sus medios de vida no apuntan a hacerse ricos en términos monetarios o de acumulación de bienes materiales, sino que buscan lograr que los recursos naturales que están utilizando perduren manteniendo su calidad y sirviendo a más personas. Para lograrlo, en muchos casos son capaces de acordar colectivamente reglas de uso y manejo de los recursos de uso común.

Lo anterior implica decidir qué políticas públicas, qué acuerdos entre la sociedad en relación con la naturaleza y los demás grupos humanos pueden lograrse y qué tipo de instituciones se requieren. El desarrollo de formas diferentes de ver los problemas conduce a romper esquemas que se creían exitosos aplicando determinadas nomas.

Detrás de esta construcción está el diálogo entre disciplinas y la creación de nuevas metodologías y formas de generar conocimiento. Estas nuevas perspectivas de investigación permiten que las disciplinas dialoguen, a partir de la manera en que entienden la relación de los elementos de los sistemas socio-ecológicos, y colaboren entre ellas para la co-construcción de un conocimiento nuevo. Y, con base en este conocimiento, trabajar en torno a alternativas que posibiliten el bienestar humano y la conservación de los servicios ecosistémicos para todos.

 

Los problemas complejos que representa el Desarrollo requieren un tratamiento interdisciplinario

Es cierto que no todos los problemas requieren un abordaje interdisciplinario; esto depende mucho del tipo de problema abordado, de cómo se define y del tipo de conocimientos que puede contribuir a resolverlo. En relación el Desarrollo, de acuerdo con lo que hemos expuesto hasta aquí, es claro que nos enfrentamos a problemas complejos que exigen un tratamiento sistémico y no por componentes; en consecuencia, su abordaje exige el esfuerzo mancomunado de varias disciplinas y saberes orientado a una mejor comprensión de lo que se busca con el Desarrollo en términos sociales, ambientales y de justicia.

Las problemáticas planteadas para el Desarrollo en general se han expresado en el tratamiento que se ha dado al Desarrollo aplicado al mundo rural, sus contenidos y el diseño de propuestas para alcanzarlo. En las propuestas de Desarrollo Rural la definición de los actores sociales, de las tecnologías para la actividad agrícola o agropecuaria y de las prácticas de utilización y manejo de los recursos de la naturaleza ha obedecido tradicionalmente a los criterios de eficiencia económica y productiva que se consideran apropiadas para el logro del crecimiento económico. Esta definición determina entonces los actores sociales, las prácticas y los sistemas de producción que habría que privilegiar en aras del Desarrollo. Así las cosas, en el caso de los campesinos, que es una población con la que he trabajado, hay toda una visión de que son atrasados, reacios al cambio, no son empresariales y no cuentan con conocimientos para producir de manera eficiente. Desde esta visión se piensa que tienden a desaparecer y que lo mejor es hacerlos empresarios y más articulados al mercado. En la mayoría de los casos esto se dictamina sin preguntarse cómo es que han logrado mantenerse, cómo le hacen para seguir estando allí y aportando de manera importante a la economía y a la conservación, a pesar de que han sido largamente ignorados.

Un ejemplo de estas visiones se da cuando se plantea la relación entre los lugares donde estos actores desarrollan sus vidas y su producción, que muchas veces están en ecosistemas frágiles, y el deterioro ambiental. En general, no hay consideración de ¿cuáles son las razones por las que están ubicados en ese lugar? y, sobretodo, hay una tendencia a ignorar las dinámicas sociales, económicas y políticas que históricamente los han colocado donde están, lo que lleva a desconocer las relaciones sociales y ecológicas que están detrás de estos procesos.

Esta visión reduccionista limita enormemente la construcción de opciones para la transformación de las condiciones que han llevado a ese estado de cosas.  En este sentido, es clara la urgencia de generar nuevos entendimientos sobre el papel del mundo rural y de las dinámicas sociales, económicas, políticas y ambientales que allí tienen lugar para poder reflexionar sobre cuáles pueden ser las condiciones para pensar en un Desarrollo inclusivo. Todo esto nos conduce nuevamente a la necesidad de un cambio en la concepción del Desarrollo Rural.

Este cambio de concepción, que implica entender de manera diferente el Desarrollo y la ruralidad, demanda el trabajo colaborativo entre diversos saberes disciplinares. Yo soy socióloga y he podido trabajar con agrónomos, veterinarios y economistas quienes, desde una postura crítica ante nuestras disciplinas, decidimos incluir a los ecólogos y a los climatólogos para abordar los problemas rurales que nos interesaban. De esta manera hemos incorporado elementos de ecología en las propuestas productivas. Esto nos ha permitido entender, por ejemplo, que las condiciones del trópico tienen particularidades que las hacen diferentes a las de los países templados en términos de biodiversidad y formas de hacer agricultura, y que, si no se aprovechan las diferencias y ventajas de estar en el trópico para diseñar los sistemas productivos, se corre el riesgo de destruirlo todo.

 

La inequidad en América Latina tiene implicaciones socio-ecológicas importantes

América Latina ha sido catalogada como la región más inequitativa del planeta y ésta es una característica que define muchos de los problemas de su desarrollo actual. En la región, y particularmente en países como Colombia y Brasil, se presenta una muy elevada concentración de la propiedad de la tierra y de los recursos naturales que tiene implicaciones socio-ecológicas importantes, no solo porque limita el acceso a la tierra de calidad y a las posibilidades para hacerse a los medios de vida de una parte importante de la población, sino porque el uso que se viene dando a estas grandes propiedades incluye actividades que generan degradación ambiental, que involucran procesos de deforestación para incorporar ganadería extensiva.

Al mismo tiempo, las políticas de Desarrollo han tendido a privilegiar a las grandes empresas, muchas veces multinacionales, la agroindustria y las actividades extractivas, con mucho menos apoyo para otros sectores de la economía. El resultado de estas orientaciones del Desarrollo, y de las políticas que buscan impulsarlas, es que no todos han tenido el mismo acceso a los beneficios del Desarrollo, pero tampoco tienen la misma responsabilidad en las consecuencias generadas. Claramente mientras algunos han logrado beneficiarse con amplitud hay muchos que ni siquiera han podido “subirse al bus”, como decimos aquí coloquialmente. Así las cosas, imaginar un futuro sostenible para la región tiene implicaciones importantes en términos del conocimiento que todavía es necesario generar sobre las consecuencias de los modelos de Desarrollo adoptados y las posibilidades de cambiar el rumbo.

 

Co-construcción de conocimiento “de abajo hacia arriba” sobre problemas rurales en la Universidad Javeriana

El enfoque interdisciplinario, visto como un proceso de búsqueda y puesta en marcha para generar el diálogo entre las distintas disciplinas orientado al estudio de problemas complejos y a la construcción de nuevas metodologías para llevarlo a cabo, es un principio general de carácter epistemológico. Lo que es específico es la práctica interdisciplinaria de acuerdo a los problemas de cada región o país o incluso el mundo. Esto no significa necesariamente que exista una “interdisciplina latinoamericana”, más bien se trata de una aplicación específica de abordajes interdisciplinarios a los problemas específicos de América Latina y su Desarrollo; muchos de los cuales tienen origen en sus relaciones e interacciones con el contexto mundial.

Volviendo a Colombia y en particular al caso de los avances y experiencias en torno a la interdisciplinariedad en la Pontificia Universidad Javeriana, cuyos orígenes se remontan a los años setenta, desde el comienzo la idea fue generar procesos de investigación para la generación de conocimiento sobre problemas complejos de la sociedad. Es así como, por iniciativa del rector de la Universidad, se funda la Facultad de Estudios Interdisciplinarios, cuya actividad se centraría en la solución de problemas complejos relacionados con salud, justicia, educación y hábitat, los cuales servirían como ejes de articulación entre disciplinas. En esta Facultad estuvieron, entre otras, las maestrías en Desarrollo Rural y en Salud Pública. Sin embargo, en esta experiencia la concepción interdisciplinaria y su puesta en práctica no parecen haberse logrado más allá de la formación de grupos en los que docentes, investigadores y estudiantes de diversas disciplinas se reunían a discutir en torno a problemas. Quedó claro que no era algo sencillo construir la interdisciplinariedad y a comienzos de los años noventa se cierra la Facultad. Entonces esas maestrías cambiaron su adscripción; por ejemplo, la maestría en Desarrollo Rural pasó a la Facultad de Economía.

A finales de los años ochenta ya existía en la Universidad Javeriana un grupo pequeño que trabajaba en temas rurales que, sin adjudicarse un enfoque interdisciplinario, realizaban una práctica interdisciplinaria. En este equipo participaban economistas, sociólogos, politólogos, administradores y trabajadores sociales, quienes trabajaban directamente en campo con los productores, con las cooperativas y otras organizaciones, es decir, con los actores directamente relacionados con las problemáticas del mundo rural colombiano. Fue una construcción de abajo hacia arriba porque los problemas rurales así lo exigían. Esto les obligaba a dialogar y desarrollar formas de trabajo que necesariamente articulaban distintas disciplinas y metodologías de trabajo que involucraban también diferentes actores rurales. De este grupo surgieron los institutos de Estudios Rurales y de Estudios Ambientales donde se crearon la maestría en Desarrollo Rural y la maestría de Desarrollo Sostenible de Sistemas Agrarios de corte interdisciplinario. Para esta última se hicieron alianzas con varios grupos de organizaciones no gubernamentales, por ejemplo con el Centro para la Investigación en Sistemas Agropecuarios Sostenibles (CIPAV) que trabajaba en investigación en tecnologías agropecuarias sostenibles para ambientes tropicales. El Instituto de Estudios Rurales de la Universidad Javeriana trabajaba en investigación social y económica con campesinos, otros productores e instituciones del sector rural, y el Instituto Mayor Campesino trabajaba en torno a la formación del campesinado en diversos aspectos.

Después de varios años de investigación y publicaciones cuando la Universidad terminó por reconocer este trabajo de los institutos de Estudios Rurales y de Estudios Ambientales, se encontró con la dificultad de no saber dónde ubicarlos en su estructura. Surgieron ideas como que los investigadores de Desarrollo Rural se fueran para ciencias sociales y los de estudios ambientales para ciencias básicas. Lo que decidió la Universidad a finales de los años noventa fue crear la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales. Se trata de una Facultad joven en la que las actividades de investigación y docencia la realizan ecólogos, biólogos, economistas, filósofos, historiadores, politólogos y trabajadores sociales, entre otros. En este contexto, una decisión de la Universidad fue trasladar a la nueva Facultad la carrera de Ecología que estaba en Ciencias Básicas. En la actualidad la Facultad cuenta con las maestrías en Desarrollo Rural, en Conservación y Uso de Biodiversidad, en Gobierno del Territorio y Gestión Pública y en Gestión Ambiental, así como con el Doctorado en Estudios Ambientales y Rurales.

Otro aspecto clave de nuestra experiencia en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, que conserva desde que se comenzó con la investigación rural, es el contacto directo con la gente, con el campo y con las distintas regiones del país. Hay por lo menos cuatro grupos de investigación que trabajan en zonas rurales en todo el país en distintos temas: conflicto, territorio y sociedades rurales, sistemas de producción-conservación, institucionalidad y desarrollo rural, ecología y territorio. Respecto a la concepción de la interdisciplinariedad al interior de la Facultad encontramos diferentes definiciones, lo cual es muy importante en el sentido de que sigue viva, pues es una perspectiva que se continúa trabajando.

La experiencia de más de treinta años en estudios interdisciplinares y transdisciplinares de la Universidad Javeriana no se limita a la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales. De hecho, la figura de los institutos de investigación en la Universidad es creada para facilitar el desarrollo de la investigación interdisciplinar, que no se puede acomodar a la característica disciplinar de las demás facultades y departamentos.

 

La actitud de mente abierta es fundamental para la co-producción de conocimiento

Sobre nuestra experiencia de trabajo interdisciplinario en relación al tipo de problemas que abordamos, ha sido clave el ejercicio de repensar su definición y de decidir en cada caso las disciplinas que pueden colaborar. Los problemas son complejos y las preguntas de investigación son compuestas, no están dirigidas a una sola disciplina. Esto requiere una construcción que no es la suma de las disciplinas sino un ejercicio de construcción de conocimiento diferente.

En la construcción de procesos interdisciplinarios la actitud de las y los investigadores es fundamental. Es claro que a algunos investigadores no les interesa trabajar en diálogo con otras disciplinas y eso no se puede imponer. Es posible que en el grupo en el que estoy trabajando sobre temas de humedales encuentre una persona experta en ictiología que sólo está interesado en la conservación de un determinado pez. ¿Cómo lo convencemos de que para conservarlo se requiere conocer su ambiente, pero también una gran cantidad de relaciones del pez con las sociedades humanas que lo utilizan, conocen sus procesos reproductivos, sus movimientos, los espacios que ocupan, su estacionalidad entre otras cosas, y han sabido convivir con la especie? ¿Cómo hacemos para que este tipo de conocimiento también sea incorporado cuando se analizan las problemáticas de los humedales como sistemas socio ecológicos?

Hay políticas que, por ejemplo, en áreas de la conservación de las especies y los ecosistemas definen las artes de pesca permitidas y dan orientaciones sobre el manejo de estos ecosistemas sin considerar a las personas que han vivido en ellos y tienen un conocimiento preciso de esas especies. Si no se entiende la serie de relaciones e interacciones socio-ecológicas que existen allí es posible que sea más difícil idear propuestas para la conservación de estas especies, aun contando con toda la plata del mundo.

Insisto en el proceso de construcción de conocimiento porque es fundamental al igual que el diseño de metodologías capaces de articular distintos tipos de saberes y disciplinas, pues no es suficiente con la suma saberes disciplinares. Esta es una construcción que sucede a través del diálogo para abordar problemas concretos, que están exigiendo alternativas de solución.

En esa co-producción de conocimiento están investigadores de distintas disciplinas que tienen una actitud de mente abierta para el trabajo colaborativo, para incorporar distintas maneras de definir los problemas, lo que significa estar dispuestos a escuchar y a construir con el otro. También requiere de curiosidad y de interés de abordar los problemas de manera diferente a lo que ofrece su disciplina, considerando las limitaciones de ésta. No basta con decir sumemos biología y antropología, ecología, etcétera. Ese es un camino de trabajo colaborativo que es más que la suma de las partes. En términos de transdisciplina implica aceptar otros sistemas de generación de conocimiento, tales como el conocimiento tradicional. Obviamente el deseo de las y los investigadores de aprender de otros lados es fundamental. Es una manera diferente de entender los problemas de la conservación y de la relación sociedad – naturaleza.

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